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Adiós al bombero miñorano de Nueva York

Nigrán despide a Esteban Rial tan solo ocho meses después de que alcanzase su sueño profesional

 

N. Pillado

 

El lamento de una gaita rompió ayer en Nigrán el silencio en los actos fúnebres por Esteban Rial Pazó, el bombero gondomareño en Nueva York fallecido tras un accidente de tráfico la pasada Nochebuena. El tradicional sonido unió en el dolor a dos tierras por la pérdida de un joven "comprometido y afable" que, tras recibir honores en EE UU, fue inhumado en la comarca que lo vio nacer hace 31 años, en presencia de decenas de familiares y amigos.

 

"Derrochaba bondad y compromiso social". Los que lo conocieron y disfrutaron de su amistad no dudan ni un segundo en dedicarle estas cariñosas palabras. Esteban Rial Pazó había iniciado recientemente el camino de los héroes anónimos, los que arriesgan su vida por los demás. Y lo hacía lejos de la tierra que lo vio nacer, la misma que ahora lo acoge para siempre. Nadie podía imaginar que le pararían los pies tan pronto. Pero lo hizo un accidente de tráfico la pasada Nochebuena. Había ingresado en el departamento de bomberos de Nueva York hacía tan solo ocho meses y un siniestro en la carretera le robó sus sueños. Falleció tan solo tres días después del trágico suceso en la Gran Manzana.

 

Decenas de familiares y amigos lo despidieron ayer en un emotivo funeral y posterior entierro en la parroquia de San Félix de Nigrán, al que acudieron dos compañeros del cuerpo neoyorquino y varios miembros del destacamento de Vigo.

 

El melancólico sonido de una gaita lo acompañó en su último viaje. Unos acordes cargados de simbolismo e interpretados por sus colegas americanos. El instrumento que Esteban había escuchado en numerosas celebraciones con su familia en Nigrán y Gondomar le daba ayer un triste adiós, como es tradición en los sepelios de policías y bomberos en Estados Unidos. La marcha fúnebre emocionaba a sus allegados. Todos lo recordaban a como un joven que vivió entre dos tierras. Con la mente al otro lado del Atlántico y el corazón en la comarca miñorana, o viceversa.

 

Nació en la parroquia gondomareña de Vilaza, igual que su padre, Álvaro. Su madre, Joaquina, es originaria de Nigrán. Ambos progenitores emigraron a América y se lo llevaron con solo dos años y medio. Pese a criarse tan lejos, regresaba siempre que podía. De pequeño, cada verano. En los últimos años, cuando el trabajo se lo permitía. Había pasado las navidades de 2012 en la comarca, "donde contaba con muchos amigos desde la infancia", según relataba su madre ayer, quien destacaba emocionada su vocación de bombero.

 

Antes de ejercer la profesión de forma oficial, había permanecido seis años como voluntario en el cuerpo de una población próxima a Nueva York. Había empezado estudios universitarios, pero en cuanto tuvo oportunidad entró en el equipo de bomberos, como miembro del departamento de comunicaciones.

 

Todavía no había tenido la oportunidad de enfrentarse a un grave incendio o un aparatoso rescate, pero su labor resultaba crucial en momentos críticos para recoger las alertas y organizar las tareas de las patrullas. Por ello recibió honores antes de abandonar los Estados Unidos.

 

Compañeros del cuerpo de bomberos de Vigo portaron ayer el féretro durante la comitiva fúnebre, junto con primos y amigos. Autoridades municipales de Nigrán y Gondomar participaron asimismo en los actos que abarrotaron el templo y cementerio nigranenses.

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